Ubicación y acceso actual

Los restos prehistóricos se localizan en el sector central del concejo de Salas (Figura 1) ocupando un espacio no excesivamente alejado del límite septentrional, que linda principalmente en este tramo con el concejo de Valdés.  Existen dos rutas para aproximarse a La Campa de San Juan. Una de ellas parte de Salas, en concreto de su sector noreste, desde donde se inicia la carretera que sube a la sierra del Viso. Una vez en el Viso, y sin llegar a tomar el desvío que hay en la parte alta hacia la ermita del mismo nombre, debemos continuar por la carretera en dirección oeste hasta atravesar el núcleo de las Barracas. Ahí empataremos con la carretera SL-5 y podremos tomar la desviación hacia la venta de las Gallinas. La segunda ruta que nos permite alcanzar este mismo cruce hacia la venta, sería tomando la carretera N-634 que une Salas con la Espina. Tras varios kilómetros subiendo dirección la Espina cruzaremos el pueblo de la Peña donde hay que desviarse a mano derecha hacia la carretera SL-5, que nos llevará también al cruce que sube a las Gallinas tras cruzar la Peña, Balloria, La Borra y la Bouza. Por tanto cualquiera de las dos rutas nos permite acceder a las Gallinas.

Fig. 1

Fig. 1

Después de cruzar la venta de las Gallinas hay que utilizar como referencia el parque eólico de la Sierra de Curiscao. Cerca del tercer molino de este parque tenemos sitio a la izquierda para dejar el coche y tendremos que iniciar, a mano derecha, una pequeña ruta a pie que nos llevará por un sendero de montaña hasta el túmulo, que está señalizado con un cartel de madera. La ruta desciende por la ladera, dejando siempre los molinos del parque eólico a mano izquierda, y tiene su inicio en un poste amarillo que nos indica el paso del gaseoducto. Si seguimos ese sendero alcanzaremos el túmulo que nos queda a mano derecha tras cruzar las líneas de alta tensión. El sendero es transitable a pie, pero no está en buenas condiciones con lo que debe realizarse con calzado cómodo y con mucha precaución. No es adecuado para sillas de ruedas o para carricoches.

Trabajos arqueológicos desarrollados

Este lugar también formó parte del esfuerzo prospector que realizó en nuestra región J. M. González y Fernández-Vallés, quien en el año 1970 identifica once estructuras prehistóricas y las da a conocer en sus publicaciones (González y Fernández-Vallés 1973, 1976). Tras ese primer reconocimiento, Miguel Ángel de Blas  Cortina tomará unas medidas sumarias de la estructura para la elaboración de una serie de croquis en los que se registraban tanto la entidad del montículo artificial definidor de la imagen real del megalito, como las características del ámbito interno en planta y alzado (de Blas Cortina, 1983: 55) (Figura 2).

Fig. 2

Fig. 2

Finalmente en la década de los noventa, y durante la realización del inventario arqueológico regional por parte de la Consejería de Cultura, la Campa de San Juan será incluida dentro de la carta arqueológica del concejo de Salas (Rodríguez Otero, 1992), aunque en ese momento cinco estructuras prehistóricas habían desaparecido ya como consecuencia de la actividad forestal desarrollada en la zona; todo ello a pesar de las denuncias que algunos vecinos de Salas realizaron en aquel momento.

Al igual que ocurre con las actividades desarrolladas en Penausén, el inicio de las investigaciones sistemáticas del monumento de la Campa de San Juan responde a la preocupación que por el mismo venía sintiendo la Fundación Valdés-Salas. En coherencia con la inquietud expresada se llegó al preceptivo acuerdo con la Consejería de Cultura del Principado de Asturias de que,- financiada por la Fundación-, tuviera lugar una primera y exploratoria campaña arqueológica, finalmente llevada a cabo en el mes de agosto de 2016. Fue una primera toma de contacto con el megalito, por tanto reducida en principio al reconocimiento de su entidad en forma y dimensiones.

El espacio objeto de excavación durante la pasada campaña se concentró en dos áreas del cuadrante occidental de la estructura prehistórica. A pesar del escaso tramo exhumado en los sondeos la pretensión era la de alcanzar el sustrato natural, el punto de partida lógico sobre el que suelen construirse los túmulos prehistóricos. Para ello este sector occidental era el más apropiado ya que aparentemente era el que menor masa de tierra conservaba de toda la estructura. Sobre un mismo eje se excavaron dos espacios, diferenciados en el registro de excavación como sondeos 1 y 2 (Figura 3).

Fig. 3

Mientras que el primer sondeo comprendió unos 9 m2 del terreno inmediato a la cámara dolménica, el segundo buscaba indagar en los límites exteriores del túmulo a través de un área excavada de unos 6 m2. Tanto uno como otro podían proporcionarnos información expresiva acerca de los distintos acontecimientos constructivos o destructivos que habían modelado la forma actual del monumento. Así, no es extraño que la práctica totalidad de la cámara, así como otros sectores de la coraza externa del túmulo, presenten huellas evidentes de actividades de expolio. La cella funeraria por razones evidentes fue el primer espacio indagado por los expoliadores, lo que impidió el análisis de materiales, ajuares y con ello de los ritos practicados en el lugar.

A pesar de las actividades de los chalgueiros aún restan varios monolitos en pie que cierran un espacio de aproximadamente unos 5 m2, uno de los más notables por tanto de nuestra región (de Blas Cortina, 1983: 47). La laja cobertera se encuentra partida y ubicada en la parte central de la cámara, posición en la que quedó tras sufrir una voladura con dinamita en los años 50 del pasado siglo.

A pesar del carácter preliminar de la exploración podemos identificar momentos clave en la construcción de esta arquitectura, que parecen indicar la existencia de fases diferenciadas. La ampliación del área excavada en 2016 (Figura 4) permitirá ir definiendo aquellos períodos que aún no están excesivamente claros, así como ir colocando referencias cronológicas en cada uno de los hitos constructivos del monumento.

Fig. 4

Descripción general

El de la Campa San Juan no es una excepción en el espacio serrano donde se ubica, pero sí el que hoy se muestra con mayor claridad dada la nitidez de su volumen y de los indicios estructurales de su recinto interior. En realidad, a una altitud de 747 metros sobre el nivel del mar, se instala el megalito en el sector sureste del segmento superior serrano  de la Cobertoria y Penarredonda (¿acaso este último topónimo sería alusivo a alguna desconocida realidad arqueológica?), vinculado a otros vestigios monumentales de la misma, en principio, filiación cultural.

La erección del dispositivo monumental prehistórico se adapta a la morfología del cordal, siguiendo genéricamente el eje norte sur cuyos respectivos extremos quedan señalados por los túmulos 1 y 4, en cotas respectivas de 770 m. y 808 m.; siendo a su vez el nº 4 el ubicado en la máxima altura, prácticamente en la contigüidad con su vértice geodésico (Figura 5). Es obvia en este caso la intención de ocupar la posición cumbrera y, razonablemente, de dotarse el viejo monumento de todas las potencialidades derivadas de, o vinculadas a, una innegable posición de dominio topográfico y visual. Sobre la arista serrana, a caballo pues entre las dos vertientes de claro desarrollo, se localiza el nº 1 y el túmulo n º 2, este último a poco más de 150 metros de distancia lineal, al sur del primero. Mientras que el primero ocupa una posición clave en el collado, sirviendo en la actualidad de cruce de caminos, el segundo se ubica a media ladera ligeramente elevado en cota con respecto al túmulo nº 1. Ligeramente desplazado del aludido eje, en esencia ceñido a la línea de cumbre, al este del mismo y  casi en el arranque de la vertiente oriental, se emplaza el túmulo catalogado como 3. Cuatro túmulos, en definitiva ocupan el entorno del ápice montañoso siguiendo un cierto orden, ubicados en altitudes escalonadas: c. 775 m. el nº 2; 785 m. el 3. Esos cuatro túmulos cimeros se suceden en un ascenso progresivo sobre un territorio culminante, salvando en total no más de una treintena de metros de desnivel.

Fig. 5

A esa implantación escénica parecen ajenos el de La Campa San Juan (al cabo el nº 5 del repertorio) y el túmulo nº 6, ambos ya asentados en plena ladera, sobre el rumbo S.SE, si bien beneficiándose en su emplazamiento de una pendiente discreta que no disimularía originalmente su presencia en la vertiente serrana.

Interés del sitio

Sería prematura, y desde luego inadecuada, cualquier conclusión sobre el conjunto del megalito más allá de confirmar su estimable entidad en el contexto cantábrico y su razonable potencialidad informativa sobre la gestión ritualizada de la muerte en el sector centro-occidental de Asturias. En todo caso, el volumen aún restante de la estructura, la morfología cameral y sus proporciones lo sitúan en el apartado del catálogo actual de los megalitos regionales de lo que entendemos como testimonios del floruit del proceso. Una arquitectura de vocación permanente ubicable en el mismo horizonte referencial que monumentos tan singulares como los que vinimos denominando como “de pórtico” de la Llastra da Filadoira, en Allande, o Monte Areo XV, en Carreño, en la comarca marítima de Cabo Peñas, y quizá en el tan notable, a orillas del Sella, de la Capilla de Santa Cruz, en Cangas de Onís. Los dos últimos con argumentos arqueológicos y radiocarbónicos (de los que los de Monte Areo aportan, al respecto, la mayor contribución)  permiten admitir como provisional, aunque verosímil, la conjetura de que la tumba de la Campa San Juan salense pudo ser levantada en algún momento del tercio inicial del milenio IVº a. de C. bajo la autoría de alguno de los grupos neolíticos locales mejor nucleados, capaz de ejecutar una obra de cierto empeño y sintomática tanto de la intención de crear un dominio mortuorio privilegiado, como de manifestar el vínculo de los ejecutantes propietarios del sepulcro con el territorio que domina; al cabo una forma poco cuestionable de materializar la compartimentación espacial y el derecho al disfrute de los recursos de cada sector referido por las tumbas. En su escala regional, en todo caso físicamente extensa, la del sector centro-oriental cantábrico, el dolmen de la Campa San Juan es un admisible referente de la vocación ostentatoria de los neolíticos más activos.

Fotografías de los túmulos

-Túmulo 1

-Túmulo 4

-Túmulo 5

Bibliografía

Rodríguez del Cueto, F., Busto Zapico, M. y De Blas Cortina, M. A. (2017): “Using 3D photogrammetry in a megalithic tomb of Northwestern Iberia: first results in the Campa San Juan Dolmen. Salas, Asturias (Spain)”, comunicación defendida en el congreso Internacional de la Computer Applications & Quantitative Methods in Archaeology (delegación-UK), Winchester, Marzo 2017.

http://uk.caa-international.org/caa-uk-2017/abstracts/

Rodríguez del Cueto, F., Busto Zapico, M., De Blas Cortina, M. A. de (2017): “Three-dimensional reconstructions from aerial photographs of the megalithic tumulus of Campa San Juan Dolmen (Asturias, Spain)”.

Poster que será presentado en el  Congreso de la European Association of Archaeologist, Maastricht. (Agosto-Septiembre).

http://www.eaa2017maastricht.nl/scientific-program

Rodríguez del Cueto, F. y  De Blas Cortina, M. A. (en prensa): “Investigaciones iniciales en el megalito de la Campa San Juan, en la sierra de la Cobertoria (Mallecina, Salas)”, Excavaciones Arqueológicas en Asturias, 8 (2011-2016), Consejería de Educación y Cultura. Principado de Asturias.