El palacio sumergido en el Pozo Fullaricos

Lugar: El Pevidal / El Pebidal (Salas).
Narradora: Josefa Fernández Fdez., 86 años.
Grabación: J. S. L. (1986)

Ahí por Carrales dicen que hay tres «antiguas que van al Pozo Fullaricos. Empiezan en La Espina, tres caminos que llamaban tres «antiguas». Y ahí en el Pozo Fullaricos había un palacio, ya el rey del palacio tenía una fía ya tenía tres criaos, uno era cojo ya los otros dos nun cojeaban, Ya con eso dixeron que el primero que fixera una «antigua», un camino, desde La Pereda o por ahí, todo por este monte, atravesando así por Carrales, a dar allí al Pozo Fullaricos. Y entós que hubiera dicho el padre de la moza que el primero que llegara con el camín allí, que se casaba con ella. Y entonces los otros echaban una gran siesta, y el cojo como andaba poco, pues dale, dale, dale… Ya los otros ríanse del cojo… y que al fin y al cabo llegó el cojo primero. Ya entós, al llegar el cojo, pues entós la moza que dijera que antes que ella se casara con un cojo, que permita Dios que se hundiera el palacio. Ya entós mismo fundíuse el palacio en el Pozo Fullaricos. Así foi como lo oyemos.

Pozo Fullaricos, en las inmediaciones de Ablaneda (Salas)

Resumen / Summary

En la Sierra de Carrales (El Pevidal) se conservan restos de tres canales que llevaban agua a la explotación aurífera romana de L’Artosa, donde hoy se encuentra el Pozo Fullaricos. Según la leyenda, en el lugar del pozo existía un palacio donde vivía una princesa en edad de casamiento. El rey prometió su mano al primero que lograra conducir agua hasta el palacio mediante una canalización. A la prueba se presentaron tres pretendientes, de los cuales uno era cojo. Mientras que dos de los pretendientes avanzaban al mismo ritmo en la construcción de sus respectivos canales, el pretendiente cojo iba retrasado. Cuando los dos primeros estaban a punto de llegar al palacio, se dispusieron a descansar durante la noche. Mientras tanto, el pretendiente cojo se afanó en trabajar hasta el amanecer y fue el primero en llegar. Al enterarse de la noticia, la princesa exclamó que antes de casarse con un cojo, prefería que se hundiera el palacio. En ese momento, el palacio se sumergió bajo las aguas de lo que hoy es el Pozo Fullaricos.

In the Sierra de Carrales (El Pevidal), remains of three channels that once carried water to the Roman gold mining site of L’Artosa are still preserved, where the Pozo Fullaricos is located today. According to legend, a palace once stood on the site of the present-day pool, inhabited by a princess of marriageable age. The king promised her hand to whoever first succeeded in bringing water to the palace by means of a channel. Three suitors undertook the challenge, one of whom was lame. While two of the suitors progressed at the same pace in building their respective channels, the lame suitor lagged behind. When the first two were about to reach the palace, they decided to rest for the night. Meanwhile, the lame suitor worked tirelessly until dawn and was the first to arrive. Upon hearing the news, the princess exclaimed that she would rather see the palace sink than marry a lame man. At that very moment, the palace sank beneath the waters of what is now known as the Pozo Fullaricos.

Vista parcial del Pozo Fullaricos

Comentario

Entre los antecedentes de esta leyenda, cabe destacar la Estoria de España. Primera Crónica General de Alfonso X el Sabio, escrita en el siglo XIII. En ella se incluye un relato acerca de la fundación mítica de la ciudad de Cádiz: «De cómo fue poblada la isla de Cádiz y cercada y hecha la puente y las calzadas», que guarda un notable paralelismo con nuestra leyenda del Pozo Fullaricos.

Según la crónica alfonsí, la antigua Cádiz era una isla inhóspita, que carecía de agua potable y se hallaba sobre un terreno pantanoso, rodeada de marismas. El rey Espán tenía una sola hija, la princesa Liberia, que ofreció en casamiento al pretendiente que primero fuese capaz de superar una de estas tres pruebas: cercar la ciudad con muralla y torres; construir un puente que diese acceso a la ciudad y por el que pudiese ser conducida el agua, y edificar calzadas que permitiesen circular sobre el lodo de manera segura. Fueron tres los pretendientes que optaron a las pruebas: un príncipe de Grecia, otro de la isla septentrional de Escandia y un tercero de África. Casa uno de ellos eligió una obra. El primero que remató la suya fue el griego Pirus, quien edificó el puente y el canal que habría de conducir el agua hasta la ciudad. La princesa Liberia, al ver la obra acabada, consintió en casarse con él, pero astutamente le rogó que guardara el secreto hasta que los otros dos pretendientes estuviesen a punto de acabar sus respectivos trabajos. Llegado el momento, Liberia se esposó con el griego Pirus, y los otros dos pretendientes regresaron a sus países de origen colmados de regalos. A partir de aquel momento, Cádiz quedó en condiciones no solo de ser habitada, sino de convertirse también en la capital del fabuloso reino de Espán, en la Hispania primera.

Página del manuscrito de la Estoria de España, en su versión primitiva (1270-1274),
donde figura la leyenda sobre la fundación de la ciudad de Cádiz