Ensalmo para la picadura de culebra
Lugar: Besapié / Beisapía (Tineo/ Tinéu).
Narrador: Alicia Bueno Santiago, 84 años.
Grabación: J. S. L. (2013)
La culubrona y la cervatina
tuvieron una porfía:
la primera que se vestía,
la primera que se calzaba,
la primera que subía al campín
y su cornapín tocaba.
La cervatina, como era bendita,
fue la primera que se vestíu,
la primera que se calzóu
ya la primera que subió al campín
y el su cornapín tocóu.
La culobrona, como era maldita,
por debajo del tronco, rayo feliz,
iba una vaca blanca,
en un cuerno cheva l.lin
y en otro cheva l.lana;
séque-y el llin,
seque la llana,
ya séque-y el mal de la culubrana;
séque-y la babaya
como secóu esta paya,
séque-y el corazón
como secó este carbón.
Comentario
Un ensalmo es una fórmula verbal de carácter mágico-religioso que se emplea para lograr la curación sobrenatural de una dolencia o enfermedad. Entre las diferentes modalidades de ensalmos contra la picadura de la culebra que se documentan en la tradición asturiana, destaca por su originalidad la fórmula empleada entre los vaqueiros de alzada de Tineo y Valdés, que escenifica la apuesta entre un ciervo y una serpiente a una carrera de velocidad, cuyo desenlace —la derrota de la serpiente— representa simbólicamente la anulación del mal.
La enemistad proverbial entre el ciervo y la serpiente, que subyace en la apuesta entre ambos animales, se refiere ya en el Physiologus griego, cuya redacción primitiva se sitúa en Alejandría hacia el siglo II de nuestra era y se conoce a través la traducción latina realizada en el siglo VIII. Esta versión latina alcanzó una amplia difusión en toda Europa hasta el siglo XII y describe la relación entre ambos animales en los siguientes términos: «El ciervo vive durante cincuenta años, y al final de ese periodo corre a gran velocidad por los valles boscosos y los barrancos de las montañas, localiza por su olor las madrigueras de las serpientes, y de inmediato acerca sus narices a la entrada de aquéllas, conteniendo el aliento. Entonces, la serpiente se precipita afuera y va a parar a la boca del ciervo, que se la traga; por eso se le llama élafos, porque sacó a la serpiente de las profundidades. Luego, corre con la serpiente hacia un arroyo; si no bebe agua antes de tres horas, morirá; pero si encuentra agua, vivirá otros cincuenta años».

Physiologus, grabado Van der Borcht (siglo XVI)
La lucha entre el ciervo y la serpiente constituye un motivo iconográfico que se ha difundido a través de los siglos, tanto en Occidente como en Oriente, según se puede ver en la serie de ilustraciones que adjuntamos a continuación:

Mosaico del Gran Palacio, Estambul (siglo V)

Mosaico bizantino de la Basílica Oriental de Qasr Libia (siglo VI)

Mosaico bizantino de la Basílica Oriental de Qasr Libia (siglo VI)

Broche de cinturón hispano-visigodo, procedente de León, elaborado en bronce (siglo VII)

Moneda vikinga encontrada en Ribe (Dinamarca), acuñada en el siglo IX, en cuyo reverso figura un ciervo y una serpiente

British Library, Sloane MS 3544 (siglo XIII)

Bibliothèque Nationale de France, Bestiario de Guillaume le Clerc, (siglo XIII)

British Library, Harley MS 4751 (Harley Bestiary) (siglo XIII)
Al igual que la serpiente —asociada a la renovación de la vida y a la inmortalidad por el hecho de que muda su piel periódicamente—, el ciervo se vincula también al ciclo nacimiento–muerte–regeneración, ya que renueva su cornamenta cada año. Esta capacidad regeneradora del ciervo y su relación antagónica con la serpiente, se puede apreciar en la representación del dios céltico Cernunnos grabada en el caldero de Gundestrup, un recipiente de uso ritual hallado en una turbera de Jutlandia (Dinamarca) y datado en el siglo II a. C. La placa central de este caldero muestra una figura masculina con cuernos de ciervo, identificada como el dios Cernunnos. En su mano derecha ostenta un torques, símbolo de nobleza entre los celtas, mientras que con la izquierda sujeta por el cuello a una serpiente. Al lado de su mano derecha se encuentra un ciervo con una cornamenta similar a la del mismo dios. Aunque aparecen otros animales en escena, es evidente que la representación más destacada corresponde al ciervo y a la serpiente, que aparecen flanqueando al dios cornudo. El significado de la imagen es enigmático; pero podría tratarse de una representación iconográfica de los atributos del dios Cernunnos basada en las cualidades antagónicas de estos dos animales (el ciervo y la serpiente), que comparten una misma capacidad regeneradora asociada al ciclo vida-muerte-resurrección.

Representación del dios Cernunnos en el caldero de Gundestrup (siglo II a. C.)