La endemoniada de Cuaya
Lugar: Vendillés / Vindías (Tameza)
Narrador: Antonio Tamargo López, 83 años.
Grabación: J. S. L. (1999)
Era una muyer que tenía el espíritu en cuerpo. Ya el cura que había en Cuaya comprometióuse a saca-y el espíritu. Ya un día llamóula ya tomó-y declaración, ya díjo-y cuando tenía que ser. Diz ella:
—El día San Pedro de Cuaya…
—¿Y en qué vas a salir, perro?
—En un ochavo, en un plato de agua.
Ya no eran pa bajalla a Cuaya, ya subió el cura ya tiró-y la estola así al cuello ya que bajara como una malva a Cuaya. Ya pusiéron-y un plato de agua allí… Ya había un caldereiro que andaba polo pueblos, que-y llamaban Pascual, que cuadró que taba trabajando por allí por Cuaya, ya cuando taba el cura preguntándo-y:
—¿Ónde te vas meter, perro?
Ya dixu él callando:
—¡Que se venga a meter al miou culo!
Ya diz el cura:
—¿Ónde te vas meter, perro?
—¡Al culo del caldereiro!
Ya entós el caldereiro viuse apuraú ya marchóu corriendo a echar agua bendita al culo.
Y arrojóulo en un ochavo ya claváronlo en la puerta de la iglesia de Cuaya, que vilo you antes de la guerra. Después cuando la guerra queimaron la iglesia ya tiraron la puerta. Pero antes de la guerra oí yo eso a mi buela, que en paz descanse. Ya un día fui yo a Cuaya a un entierro, ya fui mirar… ya taba claváu encima del cuarterón de la puerta, sí, un ochavo.
Resumen / Summary
Una vecina de la parroquia de Cuaya que está poseída por el demonio anuncia que el diablo saldrá de su cuerpo, en forma de moneda de ochavo, el día de San Pedro. El día señalado, el cura realiza el exorcismo y la mujer expulsa un ochavo por la boca, quedando libre del demonio en ese momento. Dicha moneda fue clavada en la puerta de la iglesia y allí permaneció durante años, hasta que la iglesia fue incendiada durante la guerra civil.
A neighbor from the parish of Cuaya who is possessed by the devil announces that the devil will leave her body, in the form of an ochavo coin, on Saint Peter’s Day. On the appointed day, the parish priest performs the exorcism and the woman expels an ochavo from her mouth, being freed from the demon at that very moment. The coin was nailed to the church door, where it remained for years, until the church was burned down during the Civil War.

Moneda de «ochavo segoviano», acuñada en Segovia bajo el reinado de Felipe II
Comentario
Este mismo suceso lo recoge Álvaro Fernández de Miranda en Grado y su concejo: historia de una comarca asturiana (1907). Según refiere el cronista, el 29 de junio de 1820, una mujer llamada Josefa Tamargo fue exorcizada en presencia de todo el vecindario, «arrojando al cabo, tras violentísimo acceso de tos, al mismísimo demonio por la boca, en forma de ochavo segoviano, yendo a caer en una jofaina de agua bendita». Y añade finalmente el cronista que desde ese día permanece el vil ochavo clavado en la puerta de la iglesia.


Este relato fue documentado en la tradición oral de varios pueblos del concejo de Grado: Cuaya (1997), Rañeces (1999) y Panicera (2003), con versiones coincidentes en lo esencial. A ellas que cabe añadir una versión más amplia procedente de Vendillés (Yernes y Tameza) —cuyo texto transcribimos arriba— que añade un episodio cómico de gran interés por su estrecho paralelismo con la tradición francesa. En esta versión de Yernes y Tameza, se cuenta que entre el público congregado para presenciar el exorcismo se encontraba un calderero ambulante. Cuando el exorcista pregunta al demonio dónde se va a meter cuando salga del cuerpo de la mujer, el calderero contesta para sí en voz baja: «Que se venga a meter al miou culo». Y en ese preciso instante, el demonio exclama por boca de la mujer: «¡Al culo del caldereiro!». Al oír esto, el calderero salió corriendo a lavar su trasero con agua bendita.
Este colofón de carácter cómico tiene un claro paralelismo en un cuentecillo de la Bretaña francesa, publicado por Adolphe Orain en Folklore de L’Ille et Vilaine. De la vie a la mort (1897), bajo el título de «La Fille possédée du Démon» en el que el diablo, que se ha introducido en el cuerpo de una muchacha y está siendo exorcizado por el cura, dice que va a salir por la boca de la muchacha y se va a meter en el cuerpo del sacristán entrando por el culo. El sacristán, al oír esto, sale corriendo a sentarse en la pila del agua bendita.

