La losa del Furacu la Mora
Lugar: Bustellán / Bustel.lán (Tineo/ Tinéu).
Narrador: María Pilar Bueno Mayo, 73 años.
Grabación: J. S. L. y M. C. A. (1997)
Ahí abajo hay un furacu que le llaman el Furacu la Mora, y decían que de ahí de un pico que hay… de La Cobertoira, que trajiera una piedra una encantadora, que veniera hilando con aquella piedra na cabeza… pero una piedra larga, que la trajiera de nun sé adonde, de lejos… ena cabeza. Que venía hilando con la piedra na cabeza. Yo la piedra nun sei que tenga nombre… pero la cueva… el Furacu la Mora le llamaban. Era d’esas encantadoras que sacaban el día San Juan la ropa toda al sol… yo lo tengo oído, yo nunca nada vi… Encantadoras les llamaban, pero eso era un cuento porque ¿cómo iba a ser verdá?
Resumen / Summary
En la necrópolis tumular de la Sierra de Tineo se halla un monumento megalítico llamado Furaco la Mora. Consiste en una cavidad excavada bajo una gran losa de piedra. Según la tradición, una «encantadora» trasladó la enorme losa sobre su cabeza desde el pico de La Cobertoira mientras hilaba con la rueca. También se cuenta que esta figura mítica tendía su ropa al sol y salía a peinarse en la mañana de San Juan.
In the tumulus necropolis of the Sierra de Tineo stands a megalithic monument known as Furaco la Mora. It consists of a cavity dug beneath a large stone slab. According to tradition, an “enchanted woman” carried the enormous slab on her head from the peak of La Cobertoira while spinning with her distaff. It is also said that this mythical figure would lay her clothes out to dry in the sun and would come out to comb her hair on the morning of St. John’s Day.
Comentario
Las leyendas sobre moras y encantadas que portan sobre su cabeza una losa de grandes dimensiones (un menhir o la cubierta de un dolmen) mientras van hilando con la rueca son abundantes en el norte de la península ibérica y, particularmente, en Asturias y Galicia. Así, como ejemplos de la tradición asturiana, las relacionadas con el transporte y colocación de la losa de piedra conocida como Altar de Santa Fartalla (Belmonte de Miranda), de la que se dice que fue transportada sobre la cabeza por una mora que la trajo desde el río Pigüeña. La losa superior del dolmen de La Cobertoria (Salas) porteada sobre la cabeza por una mora que venía hilando mientras caminaba. La cubierta del dolmen de Merillés (Tineo), transportada sobre la cabeza por una mora que traía un niño al cuello. La cubierta del dolmen de Entrerríos, en la divisoria entre los concejos de Illano y Allande, conocido por los lugareños como Llastra da Filadoira, precisamente por el hecho de haber sido porteada por una hilandera. E igualmente el dolmen de Pradias (Ibias), cuya losa superior fue transportada por una mora que venía hilando mientras portaba la piedra sobre la cabeza. En otras versiones asturianas, como la referida a la Pena L.longa de Pigüeces (Somiedo) es la Virgen María quien lleva la piedra sobre su cabeza mientras va hilando con la rueca.

Dolmen de Merillés (Tineo), cuya losa superior, según la leyenda, fue porteada sobre la cabeza por una mora,
En el norte de la península ibérica abundan las leyendas sobre piedras de grandes dimensiones transportadas por mujeres míticas —mouras, moras, lamias o mairis—mientras van hilando con la rueca. Así, por ejemplo, en Cataluña (Casa Encantada de Senterada), Aragón (Losa Mora, sierra de Guara), País Vasco francés (Gaxteenia y Armiaga), Álava (Arrizala), León (Peña la Mora), Galicia (Pena da Moura y A Pedra Moura en A Coruña, Casa da Moura en Ourense) y Portugal (Pedra Formosa de Briteiros, y Pedra Moura de Oporto). En todas estas tradiciones, la figura femenina lleva las piedras sobre la cabeza mientras va hilando con la rueca, destacando así su fuerza sobrenatural y su carácter mítico.
En Bretaña abundan las leyendas de dólmenes construidos por hadas que transportaban piedras sobre la cabeza o en el delantal mientras hilaban. Relatos similares aparecen en Irlanda, donde el dolmen conocido como Cailleach’s House [La casa de la anciana] se atribuye a una anciana que trajo grandes rocas en su delantal. Como rasgo distintivo, en las tradiciones británicas las piedras suelen llevarse en el mandil, mientras que en el norte de la península ibérica las moras o encantadas las transportan sobre la cabeza.

Cubierta del dolmen conocido en Irlanda como Cailleach’s House, que según la tradición fue porteado por una anciana
Sobre el origen de este ciclo de leyendas relacionadas con construcciones megalíticas, según refiere Fernando Alonso Romero, en su estudio sobre «Las mouras constructoras de megalitos» (1998): «Podemos pensar que esos relatos fantásticos nacieron después de la desaparición del pueblo que las construyó; es decir, en una época en la que ya se había olvidado cuál era su función. A partir de ese momento, los campesinos que vivían en sus cercanías empezaron a interesarse por el origen y significado de tan extrañas construcciones. Las enormes piedras de los dólmenes y de los menhires sólo podían ser obra de seres con gran fuerza física, de personajes sobrenaturales capaces de levantar y de transportar grandes pesos. Y así es como debieron de nacer las leyendas que atribuyen a las mouras y a otras figuras míticas el origen de dichos monumentos. Es difícil averiguar sus orígenes, pero debieron de nacer en una época en la que tanto las islas británicas, como Bretaña y el noroeste de España, pertenecían a un mismo tronco cultural. Con este razonamiento podemos explicarnos las semejanzas que se advierten no sólo en los argumentos de las leyendas, sino hasta incluso en las descripciones de sus personajes principales. Y esto no puede ser atribuido a la casualidad, porque son demasiados los testimonios, ni tampoco a un difusionismo del folklore en épocas relativamente recientes porque las diferencias lingüísticas no lo permitirían».