Los septillizos de Soto de los Infantes
1
Lugar: Soto de los Infantes / Soutu los Infantes (Salas).
Narrador: Anselmo Glez. Cuervo, 83 años.
Grabación: J. S. L. (1997)
Yo téngolo oíu a mi buelo contar, que la reina ahí diera a luz siete chiquillos ya ordenaran ir tiralos al río, ya cuando iba p’allá la criada paróla el rey:
—¿Qué llevas ahí?
Y entós fue cuando escogió uno… pa déjalo, porque no sabía que eran hijos dél… y luego fue cuando quedó… los infantes de Lara, los siete infantes de Lara. Yo oílo contar a mi buelo. Y tengo oíu que desde allí desde el palacio que pescaba el rey ahí, por eso llaman a aquello de bajo Las Envaradas, Desde el mismo palacio que pescaba el rey, iba el río por allí entonces, pescaba el rey con caña desde el palacio.
2
Lugar: Villaoril de Sierra / Vil.louril de Sierra (Cangas del Narcea).
Narrador: Consuelo, 75 años.
Grabación: J. S. L. (1995)
Era unos reis que la reina era muy usurera, cuando había una mujer, por ejemplo, que tenía mellizos o trillizos o lo que fuera, decía ella:
—¡Ay!, ¡es que anduvo con tantos hombres!
Y entonces luego ella tuvo siete de un parto, y entonces ella mandó a la criada tirar seis al mar. Pero cuando salía pola puerta, entraba el rey.
—¿Qué llevas ahí?
—No, no, nun llevo nada, no.
—Dime lo que llevas porque yo tengo que sabelo, soy el rey.
—No, no, nun llevo nada.
Pero él miro ya vio que llevaba, claro, los seis niños. Y entonces el rey cogiólos ya púso-ys un ama de cría a cada uno. Y luego, desque ya eran mayorcinos, un día pues invitóulos a comer en casa a todos, a to’los niñinos, vamos. Ya compró-ys un traje pa cada uno igual y y todo. Ya cuando fueron a recogelos pola tarde, decía la reina:
—¡Ay, ahora nun sé cuál es el mío!
Eran todos iguales. Y entonces diz el rey:
—¿Y si te digo que son todos tuyos?
Y entonces mandó emparedar a la mujer.
Resumen / Summary
Avergonzada por haber tenido siete hijos en un único parto, la reina del palacio de Soto de los Infantes ordena a una criada que vaya a arrojar a seis de ellos al río Narcea. Cuando la criada se dirige hacia el río con los seis niños ocultos en una canasta, se encuentra con el rey, quien le pregunta qué lleva en la cesta. La criada le contesta que es una camada de perros que acaba de parir la perra. El rey le ordena que destape la cesta y descubre que son seis niños recién nacidos. Sin decir nada a su mujer, entrega los seis niños a otras tantas nodrizas y los envía a un lugar lejano para que se críen sanos y salvos. Pasados unos años, el rey da una fiesta a la que acuden numerosos invitados, entre ellos los seis niños que ya se han hecho mayores y se presentan con vestidos idénticos al que lleva el niño criado en el palacio. Cuando llega la madre de los niños, el rey le pregunta cuál de ellos es el que ella ha criado. La reina al verse descubierta, cae desmayada, muere súbitamente o es emparedada según las diferentes versiones.
Ashamed of having given birth to seven children in a single delivery, the queen of the palace of Soto de los Infantes orders a maidservant to throw six of them into the Narcea River. As the maid heads toward the river with the six infants hidden in a basket, she encounters the king, who asks her what she is carrying. The maid replies that it is a litter of puppies just born to the dog. The king orders her to uncover the basket so he can see them, and he discovers that they are six newborn babies. Without saying anything to his wife, he entrusts the six children to as many wet nurses and sends them far away to be raised safely. Some years later, the king holds a feast attended by many guests, among them the six children, now grown, who appear dressed in garments identical to those worn by the child raised in the palace. When the mother arrives, the king asks her which of them is the son she has brought up. Realizing she has been exposed, the queen faints, dies suddenly, or is walled up alive, depending on the version of the tale.

Ruinas del palacio de Soto de los Infantes, donde según la leyenda tuvo lugar el nacimiento de los siete infantes

Pueblo de Soto de los Infantes, a orillas del río Narcea, en el concejo de Salas
Comentario
La más antigua versión conocida de esta leyenda se remonta al siglo XII. Se encuentra en un comentario sobre las profecías de Merlín atribuido al teólogo francés Alain de Lille (c. 1128–1202), donde refiere el nacimiento de los Siete Santos de Bretaña, fundadores de los siete primeros obispados de la Iglesia Armoricana. Según este autor, el relato es de origen popular y habría sido transmitido oralmente hasta llegar a su conocimiento: quae vulgata hominum narratione refertur.
Traducimos a continuación el texto anotado en latín por Alain de Lille: «Estos siete hermanos fueron concebidos y nacidos en un solo parto. Dicen, de hecho, que su madre, siendo una matrona noble y casta, sin embargo, por ignorancia humana, erraba en su juicio sobre otras mujeres, afirmando que ninguna mujer podría concebir dos o más hijos al mismo tiempo, a menos que hubiera tenido relaciones carnales con otros tantos hombres. Por lo tanto, así como ella misma estaba engañada por una falsa creencia, también difamaba a esas mujeres con falsas sospechas. En vista de esto, Dios, para absolverla de un error tan pernicioso y liberar a las mujeres de una infamia tan injusta, hizo que la mencionada mujer, a través de la unión con su único compañero, concibiera juntamente a los siete hermanos mencionados, y que en un solo día los trajera a la luz desde la oculta prisión del útero materno. Al ver esto, la mujer, temiendo que las sospechas con las que había difamado injustamente a otras mujeres pudieran recaer sobre ella misma, ordenó a una de sus sirvientas que ocultamente arrojara a los niños en el río. Aunque horrorizada por la crueldad de ese acto, compadeciéndose de la confusión de su señora y obedeciendo sus órdenes, la criada tomó a los niños envueltos y se apresuró hacia el río para llevar a cabo lo ordenado. Pero por el designio de Dios sucedió que, mientras la sirvienta se dirigía hacia las aguas, se encontró con cierto obispo santo, quien le ordenó que se detuviera y le preguntó qué llevaba consigo. Apremiada por el obispo, la sirvienta abrió el envoltorio y mostró lo que estaba oculto en su interior. Viendo el obispo aquellos niños tan hermosos y reconociendo que estaban destinados a la muerte en el umbral mismo de la vida, los consagró con el bautismo de Cristo como si fueran sus propios hijos, y llamó a varias nodrizas para que los criaran. Cuando llegaron a la edad adecuada, fueron entregados a las escuelas de letras, donde, imbuidos en la disciplina del temor divino, alcanzaron la cima de la santidad y el conocimiento».

Representación de los Siete Santos de Bretaña en un grabado de Les Grandes Croniques de Bretaigne, de Alain Bouchart (1514)